Mediación intercultural

La mediación intercultural es una mediación en la que los rasgos culturales son los causantes de los conflictos surgidos en la convivencia.

La inmigración y las minorías étnicas (que sin ser extranjeras disponen de claves culturales distintas) plantean relaciones donde las diferencias idiomáticas y culturales actúan en la base de los conflictos.

Uno de los aspectos a tener en cuenta en estos conflictos, es que la mayoría de las veces, estaremos ante un plano de desigualdad, en el que el colectivo mayoritario presenta valores y códigos culturales dominantes.

La mediación intercultural por su parte, hace posible la integración entre las personas inmigrantes y autóctonas para el reconocimiento y conocimiento mutuo. A través de ella, ayuda a fomentar el respeto por las múltiples diferencias culturales que conviven en un mismo entorno y a potenciar la comunicación.


Finalidades de la mediación intercultural:

  • Finalidad preventiva: facilita la comunicación y la comprensión entre grupos y personas con códigos culturales diferentes. Favorece actitudes de acercamiento cultural y aceptación de diferencias.
  • Finalidad rehabilitadora: interviene directamente en la resolución de conflictos que surgen tanto en minorías culturales y la sociedad mayoritaria, como en el seno de las propias minorías.

En resumen, la labor del mediador intercultural abarca tres aspectos fundamentales:

  • Facilitar la comunicación.
  • Fomentar la cohesión social.
  • Promover la autonomía e inserción social de las minorías.
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Mediación social y comunitaria

Los conflictos comunitarios vienen propiciados generalmente por necesidades comunitarias, necesidades personales y por un choque de valores.

Las necesidades comunitarias: se producen cuando no se tienen suficientes recursos o porque los recursos que se tienen no se comparten.

Las necesidades personales: se producen cuando el deseo de una persona de ostentar poder ante los demás y al ejercer posteriormente este poder, provoca deterioros en las relaciones y daña la convivencia del grupo.

Choque de valores: se producen cuando se percibe un daño en las creencias o en los patrones culturales.


La mediación comunitaria se puede aplicar en casos de disputas y conflictos vecinales, tanto en barrios como en comunidades.

Dentro de esta clase de mediación, cabría hablar de estos tipos de conflictos:

Conflictos intergeneracionales: choques entre personas de diferentes generaciones.

Conflictos interculturales: choques culturales entre colectivos que conviven en una comunidad.

Conflictos intragrupales: choques que se producen en una asociación u organización por discrepancias de argumentos entre sus miembros.

Conflictos intergrupales: choques entre colectivos diferentes.

Un ejemplo de conflictos vecinales serían las molestias y quejas a consecuencia de ruidos, malos olores, animales domésticos, obras, morosidad o uso y limpieza de zonas comunes, entre otros.

También existe un tipo de conflictos con una base social de marginación, que desde la óptica de la mediación comunitaria es un ámbito más complejo, ya que en estos casos se acumulan muchas carencias y necesidades básicas como pueden ser alimentación, vestido, vivienda… que se convierten en prioritarias. Además, estos problemas suelen ir acompañados de situaciones de drogadicción y de conductas no legales o al límite de la legalidad, por lo que esto invalidaría los procesos de mediación.

Mediación escolar

El papel de la mediación es fundamental en los casos de acoso escolar, es por eso que podemos hablar de la existencia de una mediación escolar.

El mediador al facilitar la comunicación, formular sugerencias y eliminar diferentes obstáculos que puedan existir para la negociación directa, ayuda a que las partes en conflicto puedan resolver sus problemas.

La mediación escolar tiene cinco fases:

1. Presentación y aceptación del mediador propuesto.

El mediador debe asegurarse que es aceptado por todas las partes.

2. Recogida de información sobre el conflicto y sobre las partes implicadas en éste.

Se podrá hacer mediante conversaciones por separado con todas las partes afectadas.

Antes de pasar a la siguiente fase, el mediador debe tener claro cuáles son los aspectos fundamentales del conflicto desde las diferentes perspectivas que se le presentan, para así poder planificar una estrategia.

3. Elaboración de un “texto de acuerdo” o un “contrato” sobre las reglas y condiciones del proceso de mediación , en el que se especifiquen:

  • Las características del papel del mediador.
  • Qué se puede esperar del mediador.
  • Un listado con lo que se puede hacer durante el proceso.
  • El procedimiento que se va a seguir.

4. Celebración de reuniones conjuntas con todas las partes implicadas.

Estas reuniones deben planificarse.

Su objetivo es favorecer la escucha entre ambas partes, de modo que sea más fácil llegar a un acuerdo mutuo, con ganancias para todas las partes.

5. Elaboración y aprobación del acuerdo.

El acuerdo debe quedar claro y debe formularse de forma realista.

El mediador ayuda a que finalmente los acuerdos a los que se llegan, se alcancen.

Debe comprobar que todas las partes entienden el acuerdo de la misma forma y que están conformes con él.

En el caso de la mediación escolar al tratarse de casos de acoso escolar hay que tener en cuenta que estamos ante un desequilibrio de poder entre la víctima del acoso y la figura que ejerce el acoso, por lo que se deben de tomar precauciones especiales, para asegurar y garantizar la seguridad y la protección de la víctima en todo momento, previniendo nuevos casos de acoso y tratando de que los acosadores asuman su responsabilidad.


Claves en el proceso de mediación escolar:

– Hay que identificar las necesidades e intereses de la manera más concreta posible, para favorecer que se puedan encontrar soluciones conjuntas; y que las partes no se cierren en una determinada propuesta.

– Hay que mantener una comunicación respetuosa hacia la otra parte, para evitar la confrontación. En muchas ocasiones, la tensión creada desde el inicio del problema dificulta considerablemente la comunicación entre ambas partes, generando, además del conflicto que se trata de resolver, un segundo conflicto, originado por una pésima comunicación mientras que se intenta solucionar el primer conflicto.

– Hay que buscar diferentes alternativas para resolver los conflictos, de una forma que den respuesta a los intereses de ambas partes. Para esto, se puede acudir a técnicas como la tormenta de ideas.

– Hay que tratar de elegir la mejor solución, considerando todas las ideas. Una vez elegida la mejor solución, se elaborará un plan de acción en el que se decida exactamente qué hacer y cuándo.

El acoso escolar

El acoso escolar o “bullying” desde hace años se ha convertido en una preocupación que atañe a la sociedad en general y al sistema educativo en particular.

Es un problema que perjudica el proceso de enseñanza y aprendizaje en las aulas y que afecta considerablemente a las relaciones entre compañeros y entre profesores y alumnado.

Además, este problema ya no es únicamente una cosa de la escuela como espacio físico, sino que venimos observando que con el desarrollo de la sociedad y los avances tecnológicos surgen nuevas formas de acoso más complejas y difíciles de detectar como son el ciberacoso o el ciberbullying.

El acoso escolar es un tipo específico de violencia que es ejercido o sufrido por un alumno.

Dicho acoso cuenta con tres características:

  • No se limita a un suceso aislado, sino que se repite y se perpetúa en el tiempo aumentando su intensidad.
  • Existe una situación de desigualdad entre el acosador y la víctima, ya que generalmente el acosador suele contar con el apoyo de un grupo que anima su conducta violenta, mientras que la víctima suele presentarse indefensa y aislada.
  • Suele implicar más de un tipo de conducta violenta. Por lo general, se inicia con agresiones verbales y después continúa con coacciones y agresiones de carácter físico.

El problema surge cuando ante estos casos, no hay compañeros que den la voz de alarma (por miedo a futuras represalias, ignorancia o pasividad) o simplemente no son detectados a tiempo por parte de los profesores, con la consiguiente prolongación en el tiempo de esta situación y su consecuente agravamiento exponencial.


Llegados a este punto, es conveniente decir, que no es fácil detectar que un alumno o alumna está siendo víctima de acoso escolar, pero a pesar de ello, se pueden detectar u observar una serie de indicadores o factores que manifiestan la existencia de una problemática en el ámbito escolar:

–  Miedo y rechazo a ir a la escuela: manifiesta dolencias y enfermedades de forma recurrente para tratar de no asistir al centro educativo

–  Ausencia de amigos: el alumno se encuentra aislado en contextos como el recreo, excursiones, fiestas que organice el colegio… No acude a cumpleaños ni a actividades cooperativas.

–  Problemas emocionales que pueden surgir como consecuencia del acoso: tristeza, cambios de humor muy bruscos, insomnio, ansiedad…

–  Evidencias físicas de maltrato: moratones, ropa rota, pérdida de objetos sin una justificación…

No siempre la aparición de uno de estos indicadores significa automáticamente que estemos ante la presencia de un caso de acoso escolar, pero al observar alguno de ellos conviene investigar su causa y no pasarla por alto.

Claves para entender el conflicto

Varias son las claves a tener en cuenta para entender el conflicto motivo de mediación y su posterior desarrollo.

Estas claves son: la agresividad, la ansiedad, el poder, el clima, la identificación grupal y la personalidad del individuo.

La agresividad:

La agresividad que proviene de la frustración, es decir, cuando no obtenemos lo que esperamos o deseamos. En este caso, la agresividad puede volverse hacia el objeto de la frustración, hacia sí mismo o por el contrario hacia las personas causantes de dicha frustración.

En ocasiones, el sujeto no puede optar por ninguna de estas salidas por lo que recurre a otras alternativas, las cuales son:

  • Intentar suprimir los impulsos agresivos (no los reconoce e inicia actividades que los sustituyen). Esto puede ser muy peligroso puesto que sus necesidades inconscientes siguen insatisfechas y puede que se comporte de una forma destructiva o aniquiladora.
  • Desplazar la agresión hacia otra parte (culpa de su frustración a otra fuente distinta de la real). Un claro ejemplo de esto son los denominados chivos expiatorios.

La agresividad se puede canalizar, mitigar, desplazar o descargar pero no se puede eliminar. Ésta, raras veces se presenta sola, la mayoría de las veces lo hace junto con la ansiedad.

La agresividad como respuesta se aprende, por así decirlo, es el uso de la violencia como un instrumento para alcanzar un fin. Quien está acostumbrado a obtener lo que quiere a través de la violencia, de la agresividad, tiende a repetir su comportamiento.

La ansiedad:

Es un estado interno de tensión que aparece cuando se percibe un peligro.

La ansiedad puede provenir también del miedo a los propios impulsos (miedo a uno mismo), a la propia agresividad, o al considerar que el propio comportamiento negativo o moralmente inadecuado es necesario o inevitable si se quiere conseguir lo que se desea.

El poder:

Es la capacidad de influencia efectiva que un sujeto A tiene sobre un sujeto B, si tenemos en cuenta la resistencia de B, es decir, la capacidad que tiene A para cambiar a su antojo el comportamiento de B.

 Hay cinco tipos de poder:

Poder de coerción: A tiene una vigilancia sobre B. A tiene la capacidad de administrar castigos sobre B.

Poder de recompensa: A puede proporcionar gratificaciones a B. B percibe el poder de A.

Poder legítimo: A tiene un derecho sobre B para que éste influya sobre él en una relación de autoridad.

Poder de referencia: B valora a A porque éste tiene carisma o prestigio, por lo que B le admira.

Poder de competencia: A es un experto o posee unos conocimientos particulares, por lo que B confía en él.

El clima:

Es la cualidad global que impregna el pensamiento y la acción que se da en la situación conflictiva. Esto influencia el comportamiento de los sujetos y sus percepciones en cuanto a lo que está sucediendo, por lo que estos aspectos se retroalimentan de una manera cíclica.

Los climas más destacables y antagónicos serían: el clima cooperativo y el clima competitivo.

En el clima cooperativo nos encontramos con que los sujetos interactúan de forma colaborativa, buscando intereses comunes, tienen actitudes confiadas y amistosas y muestran una comunicación abierta y honesta.

Mientras que en el clima competitivo, los sujetos se centran en intereses opuestos y en forzar al otro, sus actitudes son hostiles y suspicaces y la comunicación no es fluida sino limitada.

La identificación grupal:

Es de sobra conocido que existe en nosotros una necesidad básica de identidad, es decir, las personas necesitamos sentirnos identificadas con los grupos a los que pertenecemos.

Hay una permanente e incuestionable tendencia de búsqueda de identidad personal y de identidad social a través de la inclusión e integración en diferentes grupos sociales.

Esto puede llevar a situaciones de conflicto cuando se llega a la polarización de las diferencias con otro grupo y se tiende a atribuir la responsabilidad de los problemas a éste, mientras que en el propio grupo se unen de una forma estrecha.

La personalidad del individuo:

Este rasgo es importante ya que cada persona tiene un carácter y una forma de ser diferente y por lo tanto no todas las personas nos comportamos de la misma manera en una situación conflictiva. Es decir, no negociará exactamente igual una persona dudosa que una persona decidida, una persona suspicaz que una persona confiada, una persona autoritaria que una persona flexible.

 Hay diferentes modelos de personalidad, entre los que cabe destacar:

  • Competitivo: sólo se piensa en los propios deseos ignorando las necesidades ajenas. La persona persuade, insiste, controla y repite.
  • Evasivo: evita el conflicto a toda costa, esto quiere decir que no se preocupa ni por sus deseos ni por los del otro. La persona desvía la atención e ignora las emociones.
  • Comprometido: se preocupa por las necesidades de ambos y está dispuesto a llegar a un término medio. La persona es moderada, regatea.
  • Acomodaticio: se quiere satisfacer al otro de manera que siempre se cede y se acepta lo que el otro quiere. La persona cede o se da por vencida.
  • Colaborador: es un comprometido cooperador, es decir se busca ampliar o incrementar las ganancias de ambos. La persona acepta las diferencias.

Fases de la mediación

En esta entrada, profundizamos un poco más en la mediación y pasamos a desarrollar las fases de la mediación.

Fases de la mediación:

  1. Pre-mediación.
  2. Presentación y reglas del juego.
  3. Sesiones informativas.
  4. Aclarar el problema.
  5. Proponer soluciones.
  6. Acuerdo.

Pre-mediación:

Hay que preparar la mediación.

– Buscar lugares neutros para iniciar la mediación. La sala donde llevarla a cabo la debe proponer el mediador.

– Necesidad de hacer pausas o descansos.

– Respetar la distancia que deben guardar las partes.

Presentación y reglas del juego:

A veces las autoridades que tutelan el proceso de mediación, exigen que el mediador presente un documento inicial con derechos y deberes a las partes que deben firmar dicho acuerdo.

– Presentaciones: del mediador y de las partes.

– Definición del proceso de mediación.

– Definición del rol de mediador: facilitador de la comunicación, imparcialidad y confidencialidad.

– Definición de las partes: la responsabilidad de la resolución recae sobre las partes en conflicto y los acuerdos deben adaptarse voluntariamente por las partes.

–  Exposición de las características del procedimiento. Normas de funcionamiento.

Sesiones informativas:

Esta fase consiste en una serie de reuniones privadas con cada parte, en la que el mediador recaba la información precisa para poder configurar una visión global o general sobre el problema.

El mediador usará técnicas de escucha activa (mostrar interés, intentar clarificar, reflejar y resumir) pero sin entrar a valorar.

Se identificarán todos los implicados y se anotarán por escrito los temas centrales y los puntos de encuentro entre las dos partes, así como los aspectos positivos.

Por último, se resume el punto de vista de cada una de las partes.

Aclarar el problema:

En esta fase hay que evitar la sensación de “interrogatorio” pero a la vez hay que indagar en una serie de cuestiones que nos permitan realizar el encuadre del conflicto.

Las cuestiones que nos permiten llegar a esto son las siguientes:

  • ¿Cuál es el problema?
  • ¿Desde cuándo sucede?
  • ¿ Por qué crees que sucede?
  • ¿Qué habéis hecho para solucionarlo?
  • ¿Qué resultados habéis obtenido?
  • ¿Por qué habéis decidido optar por la mediación?
  • ¿Cómo ves la posición de la otra parte y sus intereses?
  • ¿Qué piensas que hace falta para que la otra parte llegue a un acuerdo contigo?
  • ¿Qué expectativas tienes de este proceso de mediación?

Proponer soluciones:

Cada vez vamos más encaminados a llegar a un acuerdo, y es en esta fase, en la que el mediador debe favorecer y reforzar la creatividad de las partes a través de una lluvia de ideas (“Brainstorming”).

El mediador deberá formular la siguiente pregunta:

“¿Qué propondríais para mejorar la situación?”

Y a partir de ahí, ayudar a combinar las propuestas de una forma realista.

Llegar a un acuerdo:

En esta fase el mediador debe ayudar a las partes a definir el acuerdo de una forma clara y precisa.

El acuerdo debe ser claro, equilibrado, realista, posible, aceptable por las partes, concreto y evaluable.

El acuerdo debe ser redactado por escrito y firmado por las partes. Debe existir una copia para cada parte.

En el acuerdo deben aparecer los momentos de revisión o de evaluación de dicho acuerdo.

Si la mediación finaliza sin acuerdo, el mediador debe redactar un documento final con los posibles acuerdos y situaciones específicas que impiden la mediación. Este documento también necesita ser firmado por cada una de las partes.